Ordenar para crear
Por Paula Falibene — Fauna
Todo momento creativo no empieza con una hoja en blanco. Empieza mucho antes: en lo que miraste, en lo que guardaste, en lo que todavía no sabés que tenés adentro.
Todo tu universo interno se está conectando todo el tiempo. Los estímulos que viviste, lo que ya viste y las memorias de tus experiencias están ahí, esperando. Esperándote.
A mí las ideas me vienen de noche. Siempre tengo alguna girando por la cabeza: tengo que hacer una colección, desarrollar algún producto, escribir un e-book o dar una clase. Cuando estoy relajada, cuando el día terminó y el ruido bajó, algo se abre.
Me desperté más de una vez imaginando cómo quedaría un producto, cómo combinarían dos materiales o cómo una estampa podría traducir algo que estaba dando vueltas en mi cabeza sin forma todavía. Puedo imaginar algo específico: los colores son un gran disparador, alguna textura... y como mi Fauna está rodeada de personajes, me los imagino en un contexto o aplicado de alguna manera que después pruebo.
Durante el día, esa idea da vueltas tranquila y reposa haciendo pequeñas conexiones con otras. Es inconsciente; vive en el subconsciente y aflora como una chispa de repente, porque algo le hizo sentido. Y estoy convencida de que todo esto aparece por la curiosidad.
Lo que sigo practicando hoy, y lo que en su momento siempre les subrayé a mis alumnas y alumnos, es observar.
- Mirar películas y leer libros.
- Recorrer muestras y museos.
- Prestar atención a la arquitectura y a los detalles de otros mundos en un viaje: cómo se ordenan las verduras en un mercado, la paleta de colores de una ciudad nueva, la textura de un grafiti en una pared descascarada o la disposición de las flores en una feria.
Saco fotos, muchas fotos, que me vuelvo a encontrar quizás años después cuando estoy trabajando en otro proyecto, en otra ilustración. Todos esos retazos son parte de mi mirada, de mi identidad y de lo que a mí me atrae.
¿Sabés cómo es el tuyo? ¿Cómo es ese universo? ¿Qué mirás? No todos miramos lo mismo. Somos individuos y cada una conecta con su propio mundo interior. ¿Un mundo parecido al de otros? Puede ser, jamás igual. Yo soy muy visual y tengo mucha memoria. Recopilo imágenes en la cabeza que vuelven una y otra vez, esperando conectarse con algo.
El caos que precede a todo
Esa sensación de tener mil ideas sin saber por dónde empezar es real. Y es agotadora. Cuando no viene nada, cuando el caos es puro ruido sin hilo, me abruma. No sé por dónde arrancar.
Pero en cuanto encuentro algo, aunque sea pequeño, algo que me entusiasma, tiro con energía. Y por alguna razón empiezo a conectar las cosas, a seleccionar, a incluir o descartar.
Esta búsqueda al principio se vuelve consciente. Sé por dónde ir porque tengo mi universo delimitado por mis temas. Pero al inicio, cuando Fauna no era lo que es ahora, la fui nutriendo de a poco con todo lo que se vincula conmigo: ese tipo de ilustración, los paisajes o contextos que me enamoraron, las paletas de colores que me tocaron y los cuentos imaginarios con esa mezcla de experiencias visuales y de memoria.
Para llegar ahí pasó tiempo, colecciones y años. Ordenar me llevó reflexionar, pensar en lo que había hecho, en lo que iba a hacer y en lo que quería incluir.
Hay cosas que las hice conscientes cuando ya las practicaba hace mucho, y otras que se fueron ordenando atrás de otras cuando repensé la marca, cuando tuve que escribir para una entrevista, un artículo o para una estrategia de marketing. Y no me paré a analizar hasta que alguien de afuera me lo pidió para poder ayudarme y trabajar con Fauna. ¡Qué loco, no?
Eso sí: antes miré, busqué, leí, recorrió. Siempre hay una etapa de recolección antes de que aparezca el hilo.
No se trata de tener más ideas. Se trata de aprender a escuchar las que ya están.
Puede empezar con algo muy chiquito o muy disparatado, y se puede volver grande, hermoso y coherente. Lo interesante es que para mí no existe un hilo equivocado. Siempre hay mil posibilidades, todos las tenemos. Los temas son infinitos, las combinaciones más aún; por eso es tan difícil definir algo concreto.
Yo pruebo, y en el hacer encuentro nuevas opciones. El proceso muta, me pide cambios, y se los doy. Pero también respeto algunas decisiones que tomé al principio. No cerrarme; abrirme con medida para luego cerrar mejor. Es una etapa que obviamente concluye y te pide cierre en un momento determinado. Si necesitás hacer una colección, tiene un día límite, porque después de esta búsqueda empieza el proceso de hacer realidad eso que pensaste. Por esto el límite es sano para poder avanzar.
Conocí personas con mucha capacidad, pero con ideas eternas, que no se concretaron y cambiaron mil veces. No importa cuánto o cómo lo haces, ¡hacelo! No hay nada que te dé más experiencia y claridad que sumergirte en un proceso, ver y sentir cómo es la realidad de lo que tenés en el plano de las ideas y cómo eso se materializa. Y es con práctica... metiendo las manos en el hacer.
¿Cómo saber si vas por buen camino? En mi experiencia, es algo que se siente en el cuerpo: estás entusiasmada y muchas cosas se conectan fácil. Si prestás atención a tus señales, vas a notar una sensación de satisfacción interna que te pide que sigas. Recuerdo imágenes viejas, textos archivados, una escena de una peli que vi hace tiempo... Conecto. No parás de pensar en esa idea y sus conexiones. Las cosas que se te cruzan empiezan a integrarse solas. Esa es la señal de que estás en el rumbo correcto.
Pero claro, mi camino no es el único ni tiene por qué ser igual al tuyo. Las señales cambian según cada persona.
Quizás para vos el buen camino no se sienta como una chispa de entusiasmo desbordante, sino como una sensación de profunda calma, como un alivio o un orden mental donde el ruido por fin baja. Tal vez tu señal sea que empezás a ver con claridad el primer paso que tenés que dar, o que esa idea que te daba vueltas te deja de pesar y te da ganas de sentarte a trabajar.
Sea cual sea tu forma, ojo acá: es un proceso. Es parte de un trabajo que te pide tiempo y energía, y es solo para quien está dispuesta a tomar ese camino, porque los procesos requieren su tiempo. No es para asustar, sino para que se haga consciente de que esto no pasa de un día para el otro ni es magia: es un compromiso con tu propio hacer.
El error más común cuando hay demasiadas ideas
Lo que veo en quienes están empezando, y lo que yo misma viví, es esto: ven ideas sueltas, no saben cómo conectarlas, y terminan haciendo algo sin sentido o quedándose paralizadas porque nada encaja. No entienden por qué les cuesta tanto fluir con lo que están haciendo, con dirección y orden.
Por lo general, el problema no es falta de creatividad. Es falta de una idea madre que lo conecte todo.
Por ejemplo: imaginate que entrás a un taller enorme lleno de telas, hilos y pinturas de mil colores, pero nadie te dice qué tenés que fabricar ni para quién, ni con qué estética o técnica. ¿Cómo trabajás? Ante tantas opciones sueltas, lo más probable es que te paralices.
Eso que vincula todo es la idea madre: la idea escrita que conecta cada parte. A mí me gusta llamarla así porque no es una sola cosa rígida tomada de un libro. Es una fusión, un núcleo de conexiones entre distintas temáticas que empieza a tener sentido cuando le damos sentido nosotras, porque somos el filtro. Y al serlo, esos temas nos atraviesan, nos vinculan con algo que está en nosotras, adentro.
Qué es una idea madre, en simple:
Es la idea o el argumento principal que sirve para conectar todo lo que está vinculado con un proyecto. Desde el concepto en sí hasta las formas, colores, materiales y decisiones que vienen después.
- Es el hilo que ordena el caos.
- Sin ella, las referencias quedan sueltas.
- Con ella, todo empieza a tener dirección.
Es necesaria para la salud de nuestros proyectos y para darnos claridad, dirección y orden.
Lo que aprendí de mis propios momentos de caos
Hubo muchos momentos en que yo también estuve perdida. Sin saber por dónde empezar, con mil ideas de mil cosas que me encantaban pero no sabía cómo ordenar. Lo que hice fue respirar. Descansar un poco. No autoexigirme. Pero tampoco quedarme quieta: busqué, me inspiré, boceteé, leí sobre lo que estaba construyendo. Era un caos ordenado, porque siempre había un objetivo hacia el que avanzar.
El caos no es el enemigo. Es la materia prima. Lo que falta es el hilo que lo ordena.
Hoy, mirando hacia atrás, le diría a esa versión mía que hizo bien su búsqueda. Pero le aportaría más estructura para no desgastarse tanto. Le diría que la clave no es solo acumular ideas lindas, sino aprender a construir un lenguaje sólido y coherente. Tardé en entender que sin esa base, es imposible seguir sumando piezas nuevas al proyecto sin sentir que todo se desarma. Le diría que buscar el orden no es ponerse límites, es darle un piso firme a tu marca.
Lo que quiero compartirte
Si estás en ese lugar donde tenés ideas pero no sabés cómo ordenarlas, quiero que sepas que existe una forma de construir un método. Yo te comparto el mío. Pero con el mío podés repensar el tuyo, a tus tiempos y tu vida.
Los caminos con una estructura clara ayudan, facilitan los procesos y los dirigen. No se trata de seguir pasos rígidos, sino de tener una brújula que te oriente cuando el caos se vuelve ruido.
Tu universo ya existe. Solo necesita un hilo que lo ordene.
Ese es exactamente el primer paso que enseño en mi e-book.
¿Querés empezar a ordenar tus ideas y encontrar tu idea madre?
